Finance & Development, December 2018

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Finance and Development
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Una mano amiga: En Japón y en India, dos mujeres en dos etapas distintas de su vida

Author(s):
International Monetary Fund. Communications Department
Published Date:
December 2018
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FOTO: DEAN MITCHELL; FOTO: ISTOCK / JAMIELAWTON

La protección social adopta diversas modalidades. En Japón, una economía avanzada, los jubilados como Toshiko Taniuchi representarán las dos quintas partes de la población a mediados de siglo. Gracias a su pensión del gobierno y a la ayuda de su familia, sigue activa e independiente. En cambio, en la joven India, la mayoría de los trabajadores del sector informal no tienen protección social del Estado. La familia de Jetunbibi Shirajbhi Seikh tenía problemas para llegar a fin de mes hasta que se incorporó a una asociación de trabajadoras independientes, que la ayudó a arrancar su negocio. Estas dos historias de mujeres muestran cómo la protección social no solo respalda a las personas para que puedan hacer frente a las visicitudes de la vida, sino que las ayuda a desarrollar su potencial, en beneficio de las familias, las comunidades y la sociedad.

Mantenerse activa en Japón

Toshiko Taniuchi participó en el milagro económico que vivió Japón después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el crecimiento poblacional ayudó a impulsar una rápida expansión del producto. Tenía una tienda en Tokio y al mismo tiempo crió a sus tres hijos. Hoy, Taniuchi se ha jubilado, y la tendencia se ha revertido. El envejecimiento y la disminución de la población representan un lastre para el crecimiento económico.

Taniuchi, que tiene ahora 79 años, vive con su hijo y su familia desde la muerte de su marido hace unos años. No quiere ser una carga para su familia, por lo que se esfuerza por mantenerse en forma y sana.

“Hago ejercicio y me mantengo activa para tratar de no causar demasiados problemas a mis hijos”, señala Taniuchi. También visita a un fsioterapeuta para recuperarse de una operación de columna. “Afortunadamente, el autobús me deja a 10 minutos de distancia del centro de rehabilitación, y ese corto paseo me ayuda a mantenerme en forma”.

Taniuchi sigue un calendario estricto. A las 6.30 h. empieza el día haciendo los ejercicios de un programa de radio. Va a karaoke tres veces al mes, a caligrafía el primer sábado de cada mes y a dibujo el tercer martes de cada mes. También juega al croquet una vez a la semana y participa en eventos comunitarios, como simulacros de desastres y proyectos vecinales de limpieza.

“Trato de participar en esas actividades y hacer ejercicio para prevenir la demencia”, señala Taniuchi. “Me aseguro de hacer muchas cosas y de no dedicarme solamente a ver la tele, limpiar o lavar la ropa”.

Es bien sabido que Japón tiene la población más longeva del mundo y que, según estimaciones del gobierno, las personas mayores de 65 años representan alrededor del 27% de sus 127 millones de habitantes, frente al 9% en 1980. Se prevé que la proporción de personas de edad avanzada aumente casi al 40% para 2050.

El cambio demográfico ejerce presión sobre Japón, que debería mejorar la productividad y ampliar la fuerza laboral, lo que podría hacerse aumentando la participación de las mujeres y las personas mayores en el mercado de trabajo. Según el informe sobre Japón de julio de 2017 preparado por el FMI, para lograrlo es necesario eliminar los desincentivos al trabajo a tiempo completo y regular, y ampliar el acceso a los servicios de cuidado de niños y ancianos para que las personas estén más liberadas de las tareas domésticas.

Toshiko Taniuchi

FOTO: SEAN LANGAN

Taniuchi nació en Fukushima, una prefectura situada a unas dos horas en coche al noreste de Tokio, conocida por ser una zona ideal para realizar caminatas y por sus centenarios baños termales onsen. Se mudó a Tokio en 1954, se casó y abrió una tienda de alimentos. Hoy, comparte una casa de tres plantas con su hijo, un empleado de oficina, su nuera y sus nietos. Alquila la planta baja a una empresa local.

Taniuchi mantiene una vida social activa, y ayuda a sus amigos a evitar la soledad y el aislamiento que afectan a muchos ancianos japoneses. Según una encuesta nacional realizada en agosto, alrededor del 15% de los hombres mayores de 65 años y el 5% de las mujeres se pasan hasta dos semanas sin hablar con nadie. En este mismo grupo de edad, más del 30% de los hombres y el 9% de las mujeres señalaron que no tienen a nadie en quien apoyarse en su vida diaria.

“Si estoy sola en casa, me gusta visitar a mis amigos, que también están solos en casa”, dice Taniuchi. Recientemente, visitó a una amiga que está en una silla de ruedas y no puede salir de su casa. Su amiga no había hablado con nadie en todo el día.

Taniuchi sigue un calendario estricto. A las 6.30 de la mañana empieza el día haciendo los ejercicios de un programa de radio.

Las finanzas son motivo de preocupación para muchas personas mayores en Japón, como lo son para otros grupos etarios. De las personas que respondieron a la encuesta nacional y señalaron que sus circunstancias son algo difíciles, difíciles o muy difíciles, el mayor grupo, el 38%, correspondió al de 40 años de edad, seguidos del grupo de 60 años de edad (37%).

Taniuchi tiene muchos gastos: el seguro médico, el seguro contra incendios y el pago de la hipoteca de su casa, que no están cubiertos por los ingresos del alquiler de la planta baja.

Con todo, “En mi situación actual, me las arreglo bien”, dice. “Mis hijos me ayudan”.

PETER LANGAN trabaja como periodista independiente en Tokio. Previamente fue Director de la oficina de Bloomberg News en Tokio.

La historia de una costurera

Jetunbibi Shirajbhi Seikh, quien realiza un trabajo informal desde su casa en Ahmedabad, en el estado de India occidental de Gujarat, se casó cuando tenía 18 años. En ese momento, su marido, que ganaba menos de Rs 1.850 (USD 25) al mes haciendo trabajos esporádicos, era el único sostén de la familia. Los seis miembros de la familia dependían de los ingresos de su marido, y la vida cotidiana era dura y difícil.

Un día las cosas empeoraron. A la suegra de Seikh le diagnosticaron tuberculosis, y como la familia no tenía seguro de salud, empeñaron algunas de sus pocas posesiones, incluidas las joyas de su dote, para pagar el tratamiento. Al no tener activos importantes, no pudieron obtener un préstamo a través de un banco formal, por lo que Seikh se vio obligada a tomar préstamos de prestamistas locales a tasas de interés exorbitantes, y así ella y su familia quedaron atrapadas en un círculo vicioso de deuda y pobreza.

Mujeres hacen cola para presentar solicitudes en el banco cooperativo SEWA.

FOTO: WILLIAM ALBERT ALLARD

El relato de Seikh dista mucho de ser único. Más del 90% de la población activa de India trabaja en el sector informal. Entre estas personas, más del 50% trabajan en la agricultura y ocupaciones conexas, y más del 20% en sectores manufactureros de baja gama y en el sector de servicios. Las oportunidades de empleo en la economía informal siempre están cambiando debido a la intensa competencia, las tendencias del mercado y los cambios en las políticas económicas. Es común, entonces, que los trabajadores informales se dediquen a más de un oficio. Un vendedor ambulante durante el día también puede trabajar armando cigarros durante la noche y fabricando cometas durante los festivales. Los trabajadores informales no suelen tener ningún tipo de seguro, atención de la salud, asistencia para el cuidado de los niños ni acceso a servicios bancarios formales. La falta de protección social es uno de los principales obstáculos de estos trabajadores para escapar de la situación de endeudamiento y pobreza y poder vivir una vida digna.

Un día, un vecino le habló a Seikh de la Asociación de trabajadoras independientes (SEWA), un sindicato de más de 1,5 millones de trabajadoras de bajos ingresos del sector informal. La SEWA promueve el empleo, los ingresos y la seguridad social de sus miembros, ofreciendo acceso directo a préstamos y facilitando el acceso a seguro médico, seguro de vida, seguro de vivienda y seguro agrícola para los trabajadores rurales, entre otros servicios. Entre sus miembros se incluyen trabajadores de más de 125 profesiones, incluidos pastores, recolectores de desechos, vendedores ambulantes, trabajadores a domicilio, trabajadores de la ganadería y artesanos.

Seokh se inscribió a la SEWA e inmediatamente abrió una cuenta en el Banco SEWA y comenzó a ahorrar 5 rupias (USD 0,07) al mes. Posteriormente, matriculó a sus hijos en la guardería de la SEWA y se inscribió en un programa de costura. Después de seis meses, Seikh obtuvo un préstamo de 10.000 rupias (USD 135) y puso en marcha su propio negocio de costura en su casa. Comenzó haciendo pequeños arreglos y terminó confeccionando camisetas, shorts, chalecos y otras prendas. Al poco tiempo ya ganaba más de 11.000 rupias (USD 150 dólares) al mes, y también confeccionaba su propia línea de prendas de vestir.

Hoy, Seikh tiene 51 años y hace más de una década que se dedica a su negocio de costura. Su familia gana más de 55.000 rupias (USD 750) al mes. Cuando trabajada en el sector informal, ella y su familia eran vulnerables a los altibajos de la dura vida diaria, sin poder contar con un ingreso estable o un plan para su futuro. Ahora, tiene un negocio floreciente, seguro médico, seguro de vida y —lo que es más importante— seguro de vivienda que cubre su lugar de trabajo y su fuente de ingresos. En resumen, Seikh ha logrado escapar del ciclo de la pobreza. FD

REEMA NANAVATY es Directora de la Asociación de trabajadoras independientes (SEWA), en Ahmedabad, India.

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