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Finance & Development, June 2013
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Críticas de Libros

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2013
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Un vistazo al BPI

Adam LeBor

Tower of Basel

The Shadowy History of the Secret Bank That Runs the World

PublicAffairs, Nueva York, 2013, 336 págs., US$28,99 (tela).

La sigla BPI no es muy conocida fuera de los círculos bancarios. Pero los lectores de la sección financiera están muy familiarizados con la ciudad suiza de Basilea en el contexto de las normas internacionales sobre la adecuación de la capitalización de los bancos y otras recomendaciones prudenciales del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, cuya secretaría forma parte del Banco de Pagos Internacionales, o BPI. Adam LeBor, periodista y escritor sobre temas de actualidad de Europa, ha publicado una obra bien investigada sobre esta institución internacional poco conocida, que se aloja en una torre de oficinas de estilo modernista en Basilea.

La contratapa anuncia la “primera obra de investigación de la institución financiera internacional más hermética del mundo”. Me resultó una pieza periodística seria e informativa—pero con altibajos—elaborada por un autor que ha leído mucho sobre el tema, hablado con mucha gente y estudiado archivos. Pero no es un libro de historia objetivo. El subtítulo mismo habla de “la enigmática historia del banco secreto que controla el mundo”.

LeBor tiene buen ojo para reconocer qué temas vale la pena investigar, y la historia del BPI es uno de ellos. Desde su fundación en 1930, su historia ha dado vuelcos dramáticos, y hace tiempo que necesitábamos una crónica exhaustiva pero accesible de esta curiosa institución. El BPI siempre ha sido especial en el complejo mundo de las altas finanzas. Hasta su razón de ser y sus funciones actuales son difíciles de describir en lenguaje sencillo. Fue creado tras la Primera Guerra Mundial con un mandato delicado: liquidar las obligaciones de compensación que el Tratado de Versalles le impuso a la Alemania derrotada. Los aspectos técnicos vinculados al cobro, la administración y la distribución de esos fondos indudablemente requerían una institución financiera. Así se creó el BPI, una institución indudablemente peculiar entre cuyos propietarios fundadores se encontraban los bancos centrales no solo de los vencedores (Bélgica, Francia, Italia y el Reino Unido) sino también de Alemania, Japón y—cosa extraña—un consorcio de tres bancos estadounidenses en nombre de la Reserva Federal. Poco después se les unieron los bancos centrales de Austria, Checoslovaquia, Hungría y otras naciones europeas pequeñas, y el BPI pasó a ocuparse de las operaciones financieras entre bancos centrales y servir de conducto para contactos profesionales. La historia no tardó en dar un giro drástico: las reparaciones de guerra de Alemania se suspendieron. Aun así, el BPI reanudó sus actividades: la combinación poco común de accionistas no le impidió funcionar ni siquiera durante los aciagos años de la guerra.

Para LeBor, el BPI estuvo lejos de ser neutral antes de la Segunda Guerra Mundial y durante su transcurso, cuando funcionó como un banco controlado por Alemania, a pesar de que ni sus directivos ni el personal crítico eran alemanes. El libro detalla la vida y la actividad de varios protagonistas—Hjalmar Schacht, presidente del Reichsbank; Montagu Norman, gobernador del Banco de Inglaterra, y el estadounidense Thomas McKittrick, presidente del BPI durante la guerra—y acusa a los dos últimos de delitos cercanos a la traición. Expone las complejidades diplomáticas, financieras y políticas de los años de guerra a través de las historias de destacadas personalidades: Allen Dulles, el director suizo de la Oficina Estadounidense de Servicios Estratégicos; Henry Morgenthau, el Secretario del Tesoro, y su asistente, Harry Dexter White; y Ludwig Erhard, considerado como el artífice del “milagro económico” de Alemania occidental. Estas narrativas, escritas en un vívido estilo periodístico, dan qué pensar, pero en mi opinión son miniensayos que no hacen justicia a algunos de los protagonistas, y el libro no se ocupa de los factores que impulsaron la exitosa evolución del banco después de la Segunda Guerra Mundial en el BPI que conocemos hoy. A la luz de mi favorable experiencia personal a comienzos de la década de 1990 (en calidad de Gobernador del Banco Central de Hungría y asistente a las reuniones mensuales del BPI), la conclusión del autor de que “… el BPI es una institución opaca, elitista y antidemocrática, divorciada del siglo XXI” (pág. 256) es severa e injusta.

El BPI es una institución internacional que ha tenido que asumir nuevas funciones en condiciones mundiales que evolucionan profundamente. La recopilación de datos bancarios, la investigación de alta calidad y el suministro de asesoramiento prudencial son sus contribuciones vitales al funcionamiento correcto de las finanzas modernas. La moneda común europea y la fundación del Banco Central Europeo le plantearon nuevos retos, así como la creciente importancia de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, cuyos bancos centrales, junto con los de otras economías emergentes, quieren hacerse oír y ser tenidos en cuenta. El BPI continuará y prosperará si sigue reaccionando de manera innovadora y eficiente a las exigencias objetivas de las altas finanzas internacionales, como lo ha hecho a lo largo de su existencia.

Péter Ákos Bod

Profesor, Universidad Corvinus, Budapest

Réquiem por una aldea textil

Edoardo Nesi

Story of My People

Random House, Nueva York, 2013, 163 págs., US$19,95 (tela).

El refrán de que la historia la escriben los vencedores es cínico y además, a veces, falso. La historia preeminente sobre la victoria de Roma sobre Israel la escribió Josefo, un general del bando derrotado. Algunas de las versiones clásicas—pero no irrefutables—de la independencia de India las escribieron historiadores británicos. Y ahora tenemos otro clásico escrito por uno de los derrotados: Story of My People, un libro de Edoardo Nesi sobre cómo la competencia china arrasó la industria textil italiana.

Quizá lo que cabe decir es que los lectores prefieren historias en que los derrotados pueden reivindicar sus virtudes, como en los libros sobre Atenas en la guerra del Peloponeso. Pero ni siquiera eso es cierto en este caso. Nesi en ningún momento atribuye superioridad moral a Italia. Al contrario, admite sin inconvenientes que el país tuvo suerte desde los años cincuenta hasta los noventa, cuando cualquier artesano dispuesto a trabajar duro podía salir adelante. Esa época dorada ha terminado. Ahora les toca brillar a otros países.

Pero más que resentido, Nesi se muestra triste, y por eso su libro pertenece a una tercera, rara y hermosa categoría: es una elegía a los tiempos del pasado. Un pueblo (los habitantes de la ciudad textil de Prato) cuya creatividad era admirada en todo el mundo se da cuenta de que su oficio ya no tiene demanda. El libre mercado, que en su momento les dio prosperidad y motivación, ahora les ha quitado ambas cosas. Los incansables obreros de antes ahora ven pasar los días, agotados pese a no haber trabajado y avergonzados pese a no haber hecho nada malo.

Nesi cuenta la historia del desvanecimiento de Prato de una manera lírica y muy conmovedora, algo un poco inusual para un libro sobre negocios. Pero Nesi no es un comerciante típico. Si bien heredó el negocio de sus padres (y abuelos), siempre quiso ser escritor, y tras verse obligado a vender la empresa ha dispuesto de tiempo libre para escribir, lo que ha hecho con mucho éxito. Casi sin mencionar cifras, el libro es más un examen del efecto del fracaso en la gente que una descripción del negocio textil.

Un pueblo cuya creatividad era admirada en todo el mundo se da cuenta de que su oficio ya no tiene demanda.

Eso no quiere decir que no haya un argumento. Nesi diagnostica claramente el aprieto de Prato. El mayor problema fue el desmantelamiento del régimen internacional del sector de las prendas de vestir, que permitió que los textiles baratos de china inundaran Europa. Los economistas entonces vaticinaron que las empresas italianas podrían vender sus textiles caros a China. Pero aparte de unas pocas marcas famosas, esa promesa fue una quimera.

El segundo factor de importancia fue más sutil. En un intento por eliminar la evasión tributaria, el gobierno italiano gravó los ingresos de las empresas, y así estas no solo vieron sus utilidades convertirse en pérdidas sino que siguieron sometidas al pago de impuestos. Su decisión fue sencillamente cerrar sus puertas.

Nesi está convencido de que hay que hacer algo para ayudar a preservar Prato, pero no sabe qué. Señala, en cambio, que los economistas que dieron malos consejos ahora tienen que ofrecer soluciones.

No está claro si pueden hacerlo. Según la teoría económica convencional, las ventajas de reducir los aranceles—precios más bajos y mejores productos—superan los costos. Esto genera ventajas provenientes del comercio que los beneficiarios pueden compartir con los perjudicados, por ejemplo capacitándolos para nuevos trabajos.

Pero según el libro, esa solución no compensa la pérdida de una forma de vivir. Los gobiernos más bien deberían limitar el proceso de “destrucción creativa”, o por lo menos hacerlo más manejable. Eso sin duda es posible, pero a un costo para el resto de la sociedad. Gran Bretaña lo intentó en los años setenta y descubrió que los costos—los subsidios, el perjuicio para la innovación y el crecimiento—a la larga eran inaceptables para la sociedad. El ajuste que siguió durante el gobierno de Margaret Thatcher fue mucho más doloroso por lo mucho que se había postergado.

Aun así, es imposible leer este libro sin sentir que hay que hacer algo. Algunos economistas coinciden y han decido ponerse a investigar. Demasiado tarde para Prato. Pero otros lugares, incluso, o especialmente, los que ahora están atravesando épocas doradas, podrían beneficiarse, ya que si algo deja claro este libro es que las épocas doradas no duran para siempre.

Josh Felman

Director Adjunto Departamento de Estudios del FMI

El club de debate más grande del mundo

Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya

Why Growth Matters

How Economic Growth in India Reduced Poverty and the Lessons for Other Developing Countries

PublicAffairs, Nueva York, 2013, 304 págs., US$28,99 (tela).

En las últimas décadas, el desarrollo de India ha recibido creciente atención. Tras la independencia, pero especialmente en los años sesenta y setenta, se intensificaron las restricciones al comercio exterior y a los flujos de capitales, así como las medidas para incrementar la supervisión e intervención del Estado en la economía. El gobierno nacionalizó bancos, minas de carbón y empresas petroleras y de seguros; creó un marco regulatorio estricto, que imponía limitaciones a las grandes compañías y favorecía a las de pequeña escala; endureció las normas del mercado laboral, y restringió la inversión extranjera.

Gradualmente, el crecimiento llegó casi a un punto muerto, hasta que esa economía tan controlada y cerrada comenzó a flexibilizarse y abrirse en la década de 1980. El proceso se aceleró drásticamente después de una crisis de balanza de pagos en 1991. Desde entonces, India se ha convertido en una economía en rápido crecimiento con empresas de categoría mundial y conexiones cada vez más importantes con el mundo.

Hoy se debate si esas reformas en realidad impulsaron el crecimiento, si el crecimiento redujo la pobreza y la desigualdad del ingreso, y si la vida de los pobres finalmente mejoró. En India hay todavía cientos de millones de pobres: ¿qué nos dice el éxito de India acerca de qué políticas mejoran sus condiciones de vida?

En Why Growth Matters, Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya defienden con contundencia las dos últimas décadas de reformas, desarmando paso a paso diversos mitos acerca de las políticas económicas y sociales del país desde la independencia hasta la actualidad y llaman a emprender más reformas para reforzar el crecimiento y seguir mejorando la vida de la población.

El crecimiento de India ha dado lugar a varios mitos. ¿Fueron las reformas de 1991, que entre otras cosas eliminaron el régimen de licencias industriales y abrieron la economía al comercio internacional y los flujos de capitales, lo que aceleró el crecimiento? ¿Han ampliado esas reformas la desigualdad del ingreso y generado una nueva “Edad Dorada”? Bhagwati y Panagariya citan una extensa serie de evidencias para fundamentar su argumento de que son las reformas de 1991—no otras anteriores de menor envergadura—las que explican el veloz crecimiento de India y que han reducido la pobreza, sin causar un aumento significativo de la desigualdad del ingreso.

Los autores abordan luego el argumento frecuente de que en materia de progreso social, especialmente en salud y nutrición, India está a la zaga de otros países. Exploran en profundidad estudios en los que se ignora la situación inicial de India o bien se emplean diversos indicadores sociales cuya definición va en desmedro del país en la comparación con otros. El tenor general de sus afirmaciones resulta convincente: ciertamente las reformas de 1991 inauguraron un nuevo período de optimismo y de estabilidad macroeconómica. Es indiscutible que el porcentaje de la población en situación de pobreza es hoy menor—y el porcentaje de alfabetización, mayor—que en ningún otro momento anterior. Otros puntos—como la negación de que las reformas de 1991 generaran un aumento de la corrupción—están expuestos de manera clara y convincente. Otros más, sin embargo, como los relativos a la desnutrición y la mortalidad infantil, se presentan con la misma enérgica certeza pero con fundamentos algo menos convincentes.

Bhagwati y Panagariya también proponen una interesante agenda de reformas para continuar los logros alcanzados por India y hacer su crecimiento más inclusivo. Los autores dividen esas reformas en dos grupos: aquellas que favorecerían el crecimiento de inmediato—por ejemplo, menos regulación y más inversión en infraestructura—y otras orientadas a un crecimiento más eficaz e inclusivo, como una mejor educación a nivel elemental y la creación de programas sociales.

Aunque la lista de reformas no es desconocida para quienes observan lo que sucede en India—la necesidad de brindar acceso más amplio a la educación superior y a mejores carreteras es algo evidente—los autores van un paso más allá y describen con claridad y lucidez las dificultades concretas que pueden surgir si esas reformas se implementan en el contexto vigente en el país. Dadas las dificultades que enfrenta India en materia de gestión de gobierno, la propuesta de adoptar un programa de transferencias condicionadas en efectivo, que han demostrado ser bastante exitosas en América Latina, debería encararse con cautela.

Análogamente, ampliar la educación superior es un objetivo importante, pero las razones por las que ese proceso aún no ha tenido lugar—desde limitaciones financieras hasta la necesidad de confrontar los intereses arraigados de quienes se desempeñan en ocupaciones calificadas—son a veces contraintuitivas, y es conveniente analizar la forma de resolver tales obstáculos.

Para quienes no están suficientemente familiarizados con India y su complejo sistema federal, parte de este análisis—y el debate acerca de las políticas económicas aplicadas antes de 1985 y de las fuentes de datos utilizadas en estudios basados en encuestas de hogares—puede resultar oscuro y complejo. Pero para quienes han seguido la historia reciente del crecimiento de India, Why Growth Matters es un útil resumen tanto de las reformas económicas como de las controversias que ellas han suscitado, así como una explicación detallada y práctica de lo que India necesita de cara al futuro.

James P. Walsh

Economista Principal

Departamento de Asia y el Pacífico del FMI

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